Crecer en familia

Revista para madres y padres: crianza, educación, psicología y salud.

“¡A él le has puesto más!” (Los celos entre hermanos)

por Miquel Àngel Alabart

La escena es harto conocida: uno de los hermanos se queja, no de recibir poco de lo que se reparte, sino de que el otro tenga más. Y no por habitual deja de sorprendernos.

gelosia

En mil ocasiones escuchamos padres y madres quejándose de hasta qué punto sus hijos miden lo que se reparte y reivindican un trato presuntamente igualitario. Pero los adultos occidentales somos los primeros en no haber comprendido, y mucho menos aceptado, las diferencias entre las personas. El “agravio comparativo” genera derechos aceptados por todo el mundo y no es casualidad que buena parte de nuestra literatura se base en rivalidades, envidias y luchas por lo que no tenemos.

Una vez reconocido esto, podemos intentar comprender mejor los celos de nuestros hijos e hijas y buscar qué es lo que podemos hacer para que por su culpa no lo pasen tan mal (ni nosotros tampoco).

El ego, no lo olvidemos, es una herramienta básica de supervivencia que nos permite asegurarnos lo que necesitamos para vivir. Ello incluye el instinto de autoprotección y también el de impedir que otros nos quiten aquello que es nuestro. Defender el derecho a ser prioritario para los progenitores que cuidan de él es una necesidad básica de cualquier niño. Y defender la “propiedad” de los objetos propios, que entre el primer y los tres o cuatro años aproximadamente son una extensión del propio “yo”, es sencillamente defender la propia integridad. Si las actitudes egocéntricas lógicas en estas etapas se prolongan mucho en el tiempo, entonces terminan por establecerse relaciones más conflictivas.

Un tipo de miedo
Todo esto forma parte de la naturaleza humana y está grabado en sus genes. Lo mejor que podemos hacer es aceptarlo con comprensión, acompañar los sentimientos que genera, evitar males mayores que se puedan derivar de ello –agresiones físicas o psicológicas excesivas– y esperar tiempos mejores. No queremos decir con esto que los celos tengan sólo unos periodos concretos para aparecer, pero sí que, probablemente, muchos episodios posteriores de celos, incluso los que experimentamos muchos adultos, son repeticiones de lo que en estas edades aprendimos. Bajo formas más sutiles o más sofisticadas, muchos ataques de celos esconden una estructura realmente infantil: se trata del mismo ego inmaduro que, ante la amenaza, reacciona con miedo y con agresiones fantasiosas o reales desmedidas. (…)

¿Cómo se refuerza?
Todo esto es lo que se puede vivir de forma natural cuando se es pequeño. Pero, ¿qué provoca que, a menudo, estos sentimientos perduren y se enquisten durante mucho tiempo? La experiencia nos muestra que hay una serie de actitudes que parecen reforzar los conflictos de rivalidad entre hermanos. Como nos indican los terapeutas estratégicos, a menudo es precisamente lo que se hace para solucionar el problema lo que termina por empeorar la situación. Veamos algunos ejemplos.

Una madre reparte “lacasitos” a sus dos hijos. Les da cinco a cada uno, poniendo mucho énfasis en el hecho de que les da a los dos la misma cantidad, para evitar rivalidades. Más tarde, a la hora de la cena, los hermanos se muestran bien atentos para asegurarse de que la cantidad repartida es exactamente la misma y protestan si les parece que no es así. La madre ha sido la que ha instaurado la norma de “la misma cantidad”. Pero quizás uno de los dos tiene más hambre que el otro. La norma de la igualdad no siempre es necesaria, ni cierta, ni tampoco conveniente: ¡hay que dar a cada cual lo que necesita, no lo mismo a todo el mundo!

La hermana mayor mira en la tele sus dibujos preferidos, que duran media hora. La pequeña mira unos que sólo duran un cuarto de hora, pero cuando terminan quiere ver más cosas. El padre le dice que ya ha tenido suficiente. Ella se queja de la mayor ha visto más tele. El padre termina diciéndole que, de acuerdo, al día siguiente verá la tele más rato.
Aquí entra otro factor que es el del orden en la familia. Es lógico que un hermano mayor tenga algunos pequeños privilegios. Va ligado a la edad, y es bueno que el pequeño lo reconozca y lo acepte. El reconocimiento de quién es la mayor y quién la pequeña, en este caso, alivia a ambas niñas del esfuerzo de ser siempre iguales. Lo cual no significa que se haya de permitir la ostentación de privilegios, humillaciones o abusos.

Liberar al mayor
Hay que decir, también, que muchas veces se da a los hermanos mayores un peso excesivo en la responsabilidad sobre los pequeños. La expectativa de cuidarlo o, incluso, la obligación de quererlo choca con los sentimientos antes descritos y puede ser muy contradictoria. Podemos pedirle favores, pero teniendo muy claro que se lo estamos pidiendo nosotros como adultos y no porque él tenga que ser responsable de ello.(…)

Una buena forma de prevenir que se fijen los sentimientos más egoístas es asegurarse de que la criatura tiene todas sus necesidades cubiertas, ya desde antes de que haya un nuevo hermanito. Si se ha sufrido una carencia o abandono prematuros es más probable tener miedo de volver a sufrirlos. El niño que ha sido feliz, en cambio, puede experimentar igualmente sentimientos de celos, pero de una manera más leve y, en cualquier caso, le costará menos superarlos. En definitiva, los celos no son más que el miedo a perder. Si ha tenido un buen vínculo, a la criatura le será más fácil aceptar posibles separaciones o tiempos de espera. Aunque, al fin y al cabo, se trate de un camino que hay que recorrer y del que se sale casi siempre más reforzado.

 

Paso a paso
Si tu hijo o hija tiene un ataque de celos, párate, míralo e intenta acompañarlo:
Reconoce los sentimientos de tu hijo o hija, poniéndoles palabras: “Veo que estás muy enfadada”.
Acepta estos sentimientos como válidos, sin juzgarlos: “Quizás querías que estuviera más pendiente de ti”.
Detén cualquier intento de traducir estos sentimientos en agresiones.
Dale alternativas con las que expresar los sentimientos: “Si quieres, te acompaño fuera y gritas muy fuerte ‘¡estoy muy enfadadaaa!”.
• Dedica un rato a pensar qué necesidades tiene pendientes tu hijo o hija celoso, procura estar con él un rato en exclusiva, dale un extra de vez en cuando…

“¡Ha sido el pequeño monstruo!”
Es algo frecuente que los niños y niñas que están celosos, ya sea en el momento del nacimiento de un hermano o más adelante, hagan regresiones como volverse a orinar encima, hablar como lo hacían tiempo atrás o perder costumbres ya adquiridas. Trastocar el orden familiar genera mucha inseguridad y todo parece estar fuera de sitio. Muchas madres y padres optan por no darle importancia ya que la criatura es la primera en avergonzarse de ello. Un cuento muy bonito y divertido sobre esta época es ¡Ha sido el pequeño monstruo!, de Helen Cooper, en el que una niña proyecta en un “pequeño monstruo” todo aquello que siente pero que nadie –ni ella misma– acepta fácilmente. Os recomendamos que lo leáis… sin buscar moralinas.

 

 

Miquel Àngel Alabart es psicopedagogo y terapeuta gestáltico.Es director y director de Crecer en Familia.

 

Alabart, M.A. (Marzo, Abril, Mayo 2009). “¡A él le has puesto más!” (Los celos entre hermanos) Crecer en Familia, num.06

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Esta entrada fue publicada en junio 4, 2013 por y etiquetada con , , , .
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