Crecer en familia

Revista para madres y padres: crianza, educación, psicología y salud.

Vivir el parto, paso a paso

part pas a apasPor Sílvia Díaz-Maroto Pedret

Cada vez más abiertamente, consideramos y hablamos del parto como una experiencia transformadora en la vida de una mujer. Pero, ¿qué es lo fundamental para vivirlo positivamente?

por Sílvia Díaz-Maroto Pedret

Un antiguo cuento japonés se refiere al parto como una metamorfosis: como la oruga se transforma en mariposa, la mujer se transforma en madre.
La vivencia del parto, sea como sea éste, marca un antes y un después en nuestra existencia. Y que sea una experiencia positiva y feliz no depende, como podríamos creer, del hecho de que se produzca de forma fisiológica o medicalizada.

Dos ingredientes imprescindibles
¿Qué es necesario para que una mujer tenga una vivencia llena y personal de su parto? Cada mujer es diferente tanto en los aspectos físicos como emocionales y, por lo tanto, también lo son sus expectativas y sus deseos. En general, deseamos sentirnos seguras y respetadas; esta seguridad la transmite, en gran medida, el ambiente en el que transcurre el parto y la gente que participa. El respeto tiene relación con la libertad de decidir lo que necesitamos en cada momento, y con nuestra capacidad e implicación en el momento de tomar decisiones. Si se dan estos requisitos, aunque el parto no se desarrolle como se había imaginado, la mujer podrá salir sintiéndose valiosa.

Para tomar decisiones es imprescindible tener información clara y suficiente; las mujeres me han enseñado que la prioridad, en su preparación, es conocer la fisiología del parto. Para mí, la prioridad es que esta información facilite otra más profunda: que puedan descubrir en qué lugar y contexto se sienten más confortables física y emocionalmente, y que es allí donde ha de parir. Otro requisito imprescindible para afrontar el parto es comprender que el cuerpo de la mujer está preparado y diseñado para parir y que, en la gran mayoría de casos, se consigue sin demasiadas dificultades. Puede haber algún obstáculo físico o emocional pero, con lo que sabemos, y la tecnología que tenemos a nuestro alcance, parir no implica el riesgo que a veces se nos quiere hacer creer.

Comienza el viaje
Unos días antes del parto se inicia el alboroto hormonal. Aparecen sensaciones que suelen indicar la proximidad del gran día: más energía, ganas de preparar el nido, molestias leves en el bajo vientre, sobre todo por la tarde o durante una actividad y, a veces, algún indicio de sangrado leve, o la secreción de un moco vaginal de una consistencia nueva, el famoso “tapón mucoso”. Las molestias van intensificándose de forma diferente en cada mujer, en algunas de repente, en otras más lentamente, durante algunos días.

part pas a pas
Cuando las contracciones se estabilizan, tomando una cierta regularidad en su frecuencia y duración, consideramos que el proceso del parto ha empezado y, en gran medida, es la oxitocina que segrega la madre, la responsable de que las contracciones progresen. La oxitocina es la sustancia natural más importante durante el parto… pero es una “hormona tímida”, y no se segrega con fluidez ante la presencia de otra hormona: la adrenalina. Ésta aparece básicamente ante el miedo y el frío, es la responsable de ponernos en alerta anteun peligro, y nos mantiene atentos al entorno y nos hace temblar.

Cuando la mujer llega al hospital o a la maternidad, es frecuente oír: “Tantas contracciones que tenía en casa y ahora que estoy aquí se me han parado”. Este comentario es lo que Ina May, la abuela de las comadronas modernas, denomina “quedarse parada”. Un lugar poco o nada conocido, una comadrona o un ginecólogo que observan y preguntan, un monitor que valora el estado del niño y la intensidad de las contracciones son elementos que favorecen la adrenalina y, por lo tanto, la inhibición de la oxitocina. Proporcionar una acogida cálida y garantizar un entorno tranquilo y discreto minimizando el ruido ambiental y la luz, reduciendo la presencia de profesionales al lado de la mujer disminuye la adrenalina y, por lo tanto, el sobresalto, y favorece de nuevo la producción de oxitocina y la progresión de las contracciones y la dilatación.

La dilatación: cómo ir a favor de la corriente
Cuando el parto sigue su curso, las contracciones son cada vez más frecuentes y más intensas. En circunstancias concretas, se pueden interrumpir (al llegar al centro hospitalario, al sentirse sola o asustada) o tener pausas (necesidad de descansar). A menudo, esto motiva una intervención médica para restablecerlas, sea rompiendo la bolsa de aguas de forma artificial, o administrando a la mujer oxitocina sintética, por vía venosa. Mientras la bolsa de las aguas se mantiene entera, el bebé es como si se encontrara dentro de un globo lleno de agua. La presión provocada por las contracciones se reparte de manera más uniforme por el interior del útero, y es poco probable que se compriman estructuras fetales como el cordón umbilical. También permite que los movimientos del bebé sean más libres, lo cual facilita el posicionamiento de su cabeza al entrar en la pelvis y facilita su salida.

La administración de oxitocina va directa al torrente sanguíneo pero no llega al cerebro, de manera que actúa como una hormona pero no como un neurotransmisor y produce los efectos mecánicos pero no los emocionales. Además, la oxitocina sintética suele provocar contracciones más intensas y frecuentes que la natural, y pueden ser más difíciles de soportar para la criatura; por eso es necesaria la monitorización continua del latido del bebe, mediante unas correas colocadas alrededor del abdomen de la mujer. Si no se dispone de telemetría (monitorización sin hilos, que permite el movimiento y las posturas que se necesitan), la mujer ha de mantenerse unida al monitor, lo cual disminuye considerablemente su libertad de movimientos. Las contracciones estimuladas con oxitocina sintética suelen ser percibidas como más dolorosas y es frecuente la necesidad de analgesia farmacológica.

En un parto medicalizado, la anestesia epidural suele administrase cuando la mujer lo solicita pero es recomendable que se hayan superado los cuatro centímetros de dilatación. La anestesia se inyecta en una zona concreta de la columna vertebral con el objetivo de eliminar la sensación de dolor sin interferir en la movilidad ni en otras sensaciones, aunque puede disminuir la percepción del perineo. La epidural de uso común requiere la monitorización continuada, permanecer en una cama y el ayuno de la mujer. Los estudios actuales afirman que la epidural no aumenta el riesgo de cesárea pero que triplica el riesgo de que haya que utilizar instrumental para ayudar en el expulsivo (fórceps, ventosa o espátulas).

Más adelante, la epidural también puede hacer que tanto la madre como el bebé estén menos “despiertos” para iniciar el amamantamiento; al mismo tiempo, puede tener efectos sobre el vínculo emocional y sobre la contractilidad de la matriz, necesaria para controlar la pérdida de sangre. Es por eso que, al final de un parto medicalizado es importante continuar administrando oxitocina sintética u otra medicación que ayude a contraer el útero.

Si el parto puede evolucionar espontáneamente, sin anestesia ni oxitocina sintética, la mujer recibe todos los efectos de la oxitocina natural que segrega, que hace más aceptable la sensación de dolor y aumenta la producción de otras hormonas, las endorfinas. Las endorfinas son la respuesta del organismo al dolor “aceptado” y las producimos, por ejemplo, cuando hacemos ejercicio físico intenso. Son sustancias muy parecidas a la morfina y su efecto también es parecido: producen analgesia y dan una sensación de cansancio, adormecimiento y bienestar en ausencia de dolor. Es importante dejarse llevar y disfrutar de los momentos de bienestar, que permiten periodos de relajación profunda. A medida que avanza la dilatación, aumentan las sensaciones de dolor. En algunas mujeres llegan a ser intolerables y no permiten la relajación; entonces es recomendable usar masajes, aromaterapia, contacto con el agua o acupuntura, para reducir la sensación de dolor y ayudar a la relajación del cuerpo, o medidas para inhibirlo, como la anestesia epidural.

El expulsivo: final y principio
Una vez conseguida la dilatación completa del útero, es necesario que el bebé sea impulsado hacia el exterior. De forma espontánea, la mujer siente la necesidad irrefrenable de empujar el bebé hacia el exterior. Si el parto tiene lugar en casa o en un centro médico que lo permita, la mujer puede llevar a cabo esta fase en la postura y la forma que su cuerpo reclama, sea cual sea, que se lo facilita y le proporciona una percepción más suave del dolor. La adrenalina que genera el cuerpo en esta fase ayuda a despertar a la mujer y a prepararla físicamente para recibir a su hijo, a pesar de la dificultad física y psicológica que implica este acto de expulsión del cuerpo materno.

julia viure

El bebé, al salir, necesita el cuerpo de su madre antes que cualquier otra cosa: le transmite calor y sensaciones conocidas como el olor y los sonidos de la respiración, de los latidos del corazón y de la voz. Además, en contacto con la piel de la madre, su cuerpo se colonizará de bacterias conocidas, propias del entorno en el que vivirá. En circunstancias normales, el bebé empieza a respirar poco a poco y de forma muy irregular. Ya ha pasado a la historia la creencia de que se le ha de estimular “para que llore enérgicamente y así se le ensancharán los pulmones”. Los pulmones, para desplegarse, necesitan llenarse de sangre, y es el volumen de sangre que circulaba del bebé a la placenta y de la placenta al bebé mientras estaba dentro del útero el que permitirá la apertura. Este proceso puede tardar unos minutos, y son los que se necesita esperar antes de cortar el cordón: si el cordón se pinza inmediatamente, el volumen de sangre necesario se consigue básicamente de las extremidades, y por eso vemos a muchos recién nacidos que durante las primeras horas e incluso durante los primeros días tienen los pies y las manos de color morado y fríos. Poco después del corte del cordón, la placenta se despega del útero y recorre el mismo camino que ha hecho el bebé hasta el exterior.

En contacto piel con piel con su hijo, la madre suelta más oxitocina, que desencadena una rápida contracción del útero y favorece la creación del vínculo afectivo: la madre se enamora de su hijo. Durante las primeras horas, el coctel hormonal de adrenalina, endorfinas y oxitocina hace que tanto la madre como el bebé se sientan despiertos, contentos y llenos de amor. Los dos están muy alerta, con los ojos muy abiertos y se miran con intensidad; el bebé, utilizando sus reflejos, es capaz de encontrar el pecho e iniciar el amamantamiento. Es un momento decisivo, suficientemente importante para protegerlo sin que nadie ni nadie lo perturbe.

Ha nacido un bebé… ¡y más cosas!
El nacimiento de una criatura es más que eso. Es el nacimiento de una madre, de un padre, de unos hermanos, de unos abuelos… Es un momento en que la madre puede sentirse una mujer poderosa, fuerte y sabia, un sentimiento importante para vivir la metamorfosis que empieza a atravesar.

En 1935, D. Janet Campbell, responsable del departamento de salud materno-infantil del ministerio de sanidad inglés, afirmó: “Es fácil olvidarse de la utilidad de la amabilidad y la consideración por la mujer, para confortarla y relajarla, así como explicarle todo para reducir el miedo y la ansiedad. Una mujer tranquila tiene mucha más facilidad para tener un parto fácil, que una mujer que tiene mucho miedo o se siente presionada. Este tipo de trato ha de formar parte de nuestra buena praxis, así como de todas nuestras relaciones humanas”.

Las fases del parto
Lenta o de pródromos. Se inician molestias irregulares que normalmente permiten continuar con la vida diaria. Puede durar días u horas, dependiendo de la intensidad. Empiezan los cambios en la matriz que permitirán la dilatación, el cuello del útero se ablanda y se acorta.

Dilatación. Las molestias son cada vez más intensas y regulares en frecuencia. Durante la contracción cuesta moverse, hablar o mantener la atención en algo que no sea el propio cuerpo. La duración media son unas doce horas pero es muy variable. El cuello del útero se va abriendo hasta permitir el paso de la cabeza de la criatura.
-Transición. Depende mucho de cada mujer. A veces es una pausa previa a la fase de expulsión que permite un descanso antes del último gran esfuerzo, a veces se manifiesta como una inquietud provocada, seguramente, por la sensación de no poder aguantar más. La duración puede variar mucho y a veces pasa desapercibida.
Expulsivo. La cabeza del bebé acaba de atravesar la pelvis, baja por la vagina y finalmente sale al exterior seguido del resto del cuerpo. Aparecen unas ganas irrefrenables de empujar que se van intensificando. La sensación es que necesitan hacer caca. Al final, la extensión máxima de los tejidos perineales provoca una sensación muy intensa como de ardor. En un primer hijo puede durar una hora o más.

-Desprendimiento de la placenta. Salida de la placenta al exterior. Requiere un poco de esfuerzo materno para ayudarla a hacer el descenso por la vagina. La salida puede provocar una agradable sensación. Tiene lugar en algún momento durante la primera hora posterior al parto.

Que el parto sea una experiencia positiva y feliz no depende, como podríamos creer, del hecho de que se produzca de forma fisiológica o medicalizada.
En general, deseamos sentirnos seguras y respetadas; así, aunque el parto no se desarrolle como se había imaginado, la mujer puede salir sintiéndose valiosa.
Para afrontar el parto hay que comprender que el cuerpo de la mujer está preparado y diseñado para parir, y en la gran mayoría de los casos, se consigue sin mucha dificultad.

Sílvia Díaz-Maroto Pedret es comadrona.

Para saber más:
Smulders, B.; Croon, M. (2009): Parto Seguro. Ed.Medici.
Kitzinger, S. (2007): El nuevo gran libro del embarazo y del parto. Ed. Medici.

Díaz-Maroto,S. (Mayo, Junio, 2012). Vivir el parto, paso a paso. Crecer en Familia, num.19.

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Esta entrada fue publicada en mayo 22, 2013 por y etiquetada con , , , , .
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