Crecer en familia

Revista para madres y padres: crianza, educación, psicología y salud.

Regalamos un libro de Tonucci

Este verano, las personas suscritoras de “Crecer en familia” recibirán de regalo un libro de Francesco Tonucci, gran pedagogo y dibujante italiano. Se trata de artículos aparecidos en diversos medios de comunicación, la mayoría dirigidos a madres y padres y a la sociedad en general, en que habla de educación, espacio público y vida familiar. El libro, que no rehúye temas polémicos – como la obligatoriedad de la escuela -, contiene también algunas viñetas firmadas como “Frao”, su alter ego. Os ofrecemos en primicia uno de los artículos y una de las viñetas.

Un buen padre
Para hacer una recapitulación provisional de estos apuntes sobre nuestros niños y desde su punto de vista, creo que es legítimo preguntarnos qué es ser un buen padre o una buena madre. Evidentemente, la respuesta no existe, porque tampoco existe una receta. Pero, de todas formas, quisiera hacer un pequeño retrato, aunque no sea más que un esbozo provisional. La primera característica de un buen padre creo que podría ser la de ser cada día menos necesario para su hijo. Cuando nace un niño, tal vez el momento más importante y significativo de la profunda transformación que se produce en unos pocos minutos es el corte del cordón umbilical. En ese preciso instante el niño se separa de su madre y puede empezar su relación con ella y, a través de ella, con el mundo. Empieza
entonces la gran aventura de la autonomía, en la que cada día la separación se va confirmando y consolidando o, en caso contrario, retrasando y negando. Cada día podemos ir convirtiéndonos en seres menos necesarios para nuestros hijos y, de esta forma, ayudarles a alejarse de nosotros; o, por el contrario, podemos atarlos a nosotros con nuevos cordones. Una segunda característica del «buen padre» creo que es la de ser un buen modelo de adulto, un adulto que haga pensar al niño que vale la pena hacerse mayor para ser como él o para conocer personas como él. Es decir, un adulto sereno,
feliz, comprometido con la vida. Que busca realizar sus aspiraciones, que cultiva sus pasiones, que vive con armonía su sexualidad, que se compromete con fuerza y coherencia con su profesión, con sus ideales, con sus creencias. Es decir, un adulto que no se sacrifica por sus hijos sino que, repito, se realiza, que vive bien. Por supuesto, todo esto no significa que deba desatender a sus hijos en pro de su propio placer, de sus intereses. Todos sabemos que, a menudo, debemos pagar un alto precio para hacer crecer a nuestros hijos. Pero lo que no debemos olvidar es que para ellos somos la imagen de su futuro: «¿valdrá la pena hacerse mayor para ser como él (o como ella)?» Naturalmente, nadie querrá convertirse en un adulto triste, apocado, frustrado. Y esto no sólo es válido para padres e hijos, sino también para maestros y alumnos y, en general, para adultos y niños. Creo que esta perspectiva de la vida es hermosa, fascinante, y que nos invita a vivir serenamente y a comprometernos con la vida para tener hijos más felices.

(L’Unità, 19 de abril de 1995)

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Esta entrada fue publicada en julio 4, 2012 por .
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