Crecer en familia

Revista para madres y padres: crianza, educación, psicología y salud.

Rayos culpa

(Avance del editorial del número de mayo-junio del Crecer, que está ya en la imprenta)

El otro día, mi compañera y sus dos hijas fueron a casa de los abuelos. Como sabía que se querrían quedar a dormir, antes de ir les advirtió que no quería que se lo pidieran, porque aquel día no se habían visto prácticamente y deseaba estar con ellas. Una vez aceptadas las condiciones, fueron de visita. Pero cuando llegó el momento de irse, a pesar de los pactos previos, y tal como se había imaginado su madre, las niñas querían quedarse. Mientras la madre les recordaba en qué habían quedado y que lamentaba que se quisieran quedar a dormir con los abuelos cuando les había dicho que quería estar con ellas, una de las niñas le dijo a la otra: “¡No la mires a los ojos, que te hará sentir culpable!”.

Es verdad que, como aquellos superhéroes que tenían rayos láser, los padres y madres a veces tenemos rayos culpa en los ojos. Unos rayos que nos permiten hacer chantaje emocional y conseguir cosas fácilmente pero con ellos ponemos más difícil a nuestros hijos e hijas tomar sus decisiones libremente, sin sentir que están haciendo daño a sus padres. Y eso es una gran carga. No estoy diciendo que sentir culpa sea siempre malo; seguramente es bueno si realmente han hecho daño a alguien y les hacemos darse cuenta de eso porque les recuerda que ellos mismos saben que no está bien. Pero hacer sentir culpa con nuestros rayos a los niños y niñas por lo que quieren o desean, creo que les hace un mal favor, ya que nos coloca por debajo de ellos, a merced de su compasión.

Hablando después nosotros dos, vimos que tenemos otras maneras de conseguir lo que queremos. Si de verdad les queremos dejar escoger en libertad, podemos expresar claramente nuestro sentimiento y necesidad como adultos que somos, asertivamente (me gustaría estar con vosotras esta noche), sin cargas emocionales, y entonces, evidentemente, aceptaremos su elección de forma limpia. O, en cambio, si realmente creemos que ha de ser “obligatorio” porque aquella decisión es buena para ellos y ellas, apelamos directamente a la autoridad que como padres y madres tenemos. En este caso concreto ya había habido un pacto y, por lo tanto, sólo había que decir: hemos quedado de una determinada manera, y ahora lo tenéis que respetar. En definitiva, se trata de de ser claros y no manipuladores: eso les hace fuertes, libres, mientras que la culpa castra, deteriora la autoestima y genera relaciones enfermizas. ¿He dicho igual que los rayos láser de los superhéroes? No, los rayos culpa pueden ser mucho más nocivos.

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Esta entrada fue publicada en abril 23, 2012 por .
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